Pozuelo de Alarcón. 15 de
Abril del 2026
Son las 19:50 de la tarde de un miércoles
cualquiera. Me duele la cabeza y no sé por qué cuando siento dolor es cuando
mejor escribo. Os juro que algún día esta pregunta se la haré a algún
profesional que trate el dolor, porque ni yo lo entiendo. Debería estar en la
cama, después de haberme tomado un paracetamol, estar a oscuras, pero… ¡No!
Necesito escribir y de alguna manera volver a dar respuesta a una seguidora o
hater que se ha puesto en contacto conmigo quejándose de mi manera de escribir
y que no entiende el por qué su marido no deja de leerme.
Pues bien querida, nunca pensé que iba a sentirme
como si formase parte de aquel famoso consultorio de la famosa “Francis”, pero…
te contestaré lo más rápido posible.
Para empezar, yo llevo más años escribiendo que
posiblemente tú, leyendo, si es que alguna vez te has dignado a abrir un libro,
cosa que dudo, solamente por cómo está escrita tu “queja hacia mi manera de
escribir y mi persona”.
Para seguir, ni tú ni nadie, me va a impedir que
yo siga escribiendo en mi blog, guste más o menos el contenido. Cada uno es
libre de acceder y quedarse o, por el contrario, marcharse.
No vivo obsesionada con las visitas, ni nada por
el estilo. Sí lo hacía con mi otro blog, pero porque en cierta medida soy la
responsable de otros escritores.
—¿Por qué tu marido me
lee en lugar de estar pendiente de ti?
—¿Lo estás tú de él?, pregunto.
Ya solo me faltaba hacer un tutorial de cómo tratar a tu esposo, de cómo satisfacerle o de cómo hacer para que no me lea.
Me preguntas: ¿Qué… qué tengo yo?
Allá va la respuesta: La atracción intelectual es
la más poderosa. Porque solo escribiendo consigo que se sienta deseado,
admirado, comprendido, respetado… y, además, despierto en él sensaciones que
van mucho más allá de lo evidente, sin apenas esfuerzo.
—Deberías darme las gracias, ¿no crees? ¿Puedes
tú competir con eso?
Sin acritud, querida.
Un saludo, Stella Bayma.

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