Hay robos que no dejan rastro, pero sí consecuencias. Este es uno de ellos.
Hoy me desperté agitada, quizás más de lo normal,
y es que no es para menos. Nunca me había reconocido así, salvo en la época de
Navidad.
No es que sea una ladrona de oro o diamantes,
pero sí de bolitas, bolígrafos o algo más interesante. Lo que anhelo y deseo
robar. No es algo que pueda cambiar de sitio, ni llevármelo a casa o guardarlo
como si se tratase de algo de valor, aunque valor tiene y mucho. Al menos para
mí.
Aunque si lo robo, sé a lo que me puedo exponer.
A perder tu cariño, tu protección y hasta esa manera tuya tan rara de mirarme y
quererme a tu modo.
Pero no puedo evitarlo y he de asumir las
consecuencias por robarte un beso y conocer el sabor de tus labios.
Tienes dos opciones: dejarte o denunciarme. Pero
si me denuncias, nadie te va a creer, porque lo haré cuando estés a solas y
nadie nos pueda ver.
Stella Bayma 17:24.
