lunes, 2 de febrero de 2026

Soy escritora, nada más.


Este texto da respuesta a una mujer que es interpelada y juzgada por escribir en una sociedad misógina donde, si fuese un hombre quien se dedicase a escribir erotismo, estaría dejando el pabellón alto; pero como lo escribo yo, una mujer, ya soy etiquetada de lo que no soy.

Va por esas proposiciones que ya me hartan, con cariño y sin acritud. 




Escribir erotismo no me hace accesible. 

Escribir sobre deseo no me convierte en disponible.

Que un texto mío consiga que cierta parte de la anatomía de un hombre aumente considerablemente de tamaño no me traslada ninguna responsabilidad.

La fantasía es del lector. El cuerpo, la vida y los límites son míos.

Puedo escribir erotismo y, aun así, no estar ofreciendo nada.
Puedo provocar con palabras y no deberle explicaciones a nadie.

Confundir texto con permiso es no saber disociar.

Si alguien no sabe separar literatura de realidad, deseo de derecho, lectura de acceso, el problema no es que yo escriba.

El problema es no saber gestionar lo que se siente cuando se lee lo que yo escribo. Cada cual que se haga cargo de lo suyo.

Hasta hoy nunca me había planteado tener que dar una fotografía mía plastificada.


En fin, ahí lo dejo. No diré más.

P. D.: Pero vamos, que si a alguno le supera, que deje de hacerlo.

 

07/02/2026 · 18:18
Stella Bayma

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