Este texto da respuesta a una mujer que es interpelada y juzgada por escribir en una sociedad misógina donde, si fuese un hombre quien se dedicase a escribir erotismo, estaría dejando el pabellón alto; pero como lo escribo yo, una mujer, ya soy etiquetada de lo que no soy.
Va por esas proposiciones que ya me hartan, con cariño y sin acritud.
Escribir
erotismo no me hace accesible.
Escribir
sobre deseo no me convierte en disponible.
Que un texto mío consiga que cierta parte de la
anatomía de un hombre aumente considerablemente de tamaño no me traslada
ninguna responsabilidad.
La
fantasía es del lector. El cuerpo, la vida y los límites son míos.
Puedo escribir erotismo y, aun así, no estar
ofreciendo nada.
Puedo provocar con palabras y no deberle explicaciones a nadie.
Confundir texto con permiso es no saber
disociar.
Si
alguien no sabe separar literatura de realidad, deseo de derecho, lectura de
acceso, el problema no es que yo escriba.
El
problema es no saber gestionar lo que se siente cuando se lee lo que yo
escribo. Cada cual que se haga cargo de lo suyo.
Hasta
hoy nunca me había planteado tener que dar una fotografía mía plastificada.
En fin, ahí lo dejo. No diré más.
P. D.: Pero vamos, que si a alguno le supera, que
deje de hacerlo.
07/02/2026 · 18:18
Stella Bayma
