martes, 23 de diciembre de 2025

Habemus bolita. Gracias al mejor cómplice.

 

Pozuelo de Alarcón, 23 de diciembre de 2025

 

Buenos días, tardes o noches a todos. Gracias, una vez más, por estar a mi lado y no dejar de leerme: algunos de manera virtual y otros teniendo el privilegio de poder conocer vuestros rostros, vuestras miradas y vuestra voz, que no es poca cosa.

Como ya anuncié el pasado 4 de diciembre, un año más tenía que llevar a cabo la hazaña de “robar” una bolita de Navidad. Y este año, para mí, ha sido más mágico y especial que ningún otro, aunque todos comparten el mismo factor común: tener la adrenalina por las nubes, algo que me encanta. 

Aunque no lo he anunciado hasta ahora —entre que tengo que ir a rehabilitación porque en septiembre me hice un esguince de cuarto grado y que del 17 al 19 he estado unos días en Zaragoza, que junto con la escapada de Semana Santa han sido las únicas vacaciones que he podido tener este año—, es ahora, antes de que llegue el día de mañana, el día límite para cumplir mi trastada anual.

El día cinco, cuando estuve comiendo con Marcelo —como no pude hacer el año pasado debido a mi ataque de ciática—, el pobre, al entrar en la cafetería, me dice:

—¡Eva, no hay ninguna azul!

Cosa que me encantó, porque así sabía que me leía, y para mí eso es muy importante.

—No te preocupes. Todavía tengo tiempo —contesté.

Lo que jamás pensé es lo que el pasado 9 de diciembre me sucedería.

Cuando salí de rehabilitación, aproximadamente sobre las 13:00, después de hacer algo de compra en Alcampo, entré en una cafetería a la que suelo ir cuando cada mes voy a darme un masaje al “Templo del masaje”. No es que suela beber cerveza, pero me apetecía un Radler con limón.

¿Y qué me pasó al entrar? Que vi uno de esos “putos arbolitos” tamaño Evita, con bolitas que tanto me llaman la atención. 


Con la mejor de mis sonrisas, cual protagonista de Signal, pedí una caña, no sin antes sentarme en la esquina de la barra, que era donde estaba ese arbolito que me decía: “Vamos, hazlo, ¿a qué esperas…?”.

Me fijé y, por desgracia, no había ninguna azul, cosa que me entristeció bastante. Pero en ese instante —mientras, sin querer, se me hacía presente el recuerdo de cuando, estando con mi padre en su habitación, dejó de respirar— mis ojos se llenaron de lágrimas y, para mis adentros, me dije:

—¡Papá! Lo siento, no la encuentro azul. Ayúdame desde arriba.

Y seguramente muchos no os lo creeréis, pero en ese instante una bolita burdeos, pequeñita, se cayó.

Comenzó a latirme el corazón súper rápido por dos motivos: porque me sentí escuchada por mi padre y, segundo, porque el camarero me estaba mirando. Y os aseguro que esa mañana iba en chándal y sin maquillaje. No cuela que fuera porque estaba bonita.

Enamorada de mi portal de Belén.

Di un sorbo a la cerveza, miré el móvil sin mirar nada y vi cómo se metía en la cocina. En ese preciso instante, en el que por una sola vez conseguí pasar desapercibida, metí la bolita en mi bolso, pagué la caña, dejé propina para cubrir el gasto de la bolita y me fui con paso sereno para que no se notase.

De camino a casa —teniendo cuidado de que nadie me mirase— iba dando saltitos como cuando era una niña, feliz y contenta por haber logrado, una vez más y esta con la ayuda de un cómplice inesperado, cambiar de lugar mi adorada “bolita de Navidad”. 

Ahora la tengo en el arbolito chiquitito
Resumiendo: este año ha sido el “robo” más sentimental y bonito del mundo.





 




Os deseo de todo corazón que paséis unas felices fiestas de Navidad y tengáis un próspero año nuevo 2026.  



Os quiere, Stella Bayma
23/12/2025 · 17:37

sábado, 6 de diciembre de 2025

Lo que no sucedió

 



Nos frenamos
en el borde exacto
donde el deseo respira,
pero no se culmina.

 

En ese lugar,

en ese sitio
donde una caricia no dada
tiembla más
que un abrazo dado

o un beso robado.

Si hubiéramos ido a más,
hoy seríamos olvido:
un capítulo cerrado.
Un instante que con el tiempo se desvanece,
un recuerdo con fecha.

 

Pero así,
suspendidos en ese “recuerdo” latente,
somos el recuerdo que no muere.

Yo sigo en tu memoria,
tú sigues en la mía.
Porque lo que no ocurrió
es precisamente
lo que no se olvida.

 

Ambos lo sabemos:
lo que no se consumió
se convirtió
en un tatuaje

tatuado en un nuestra mente

y en nuestro corazón.

 

 

Stella Bayma 06/12/2025 18:52

jueves, 4 de diciembre de 2025

Un año más... operación bolita de Navidad

 

Hoy podría ser una tarde cualquiera, pero no lo es. Me siento inmensamente feliz y extremadamente excitada. Y no, no es porque esté ovulando, me haya tocado la lotería ni porque las guerras hayan finalizado —algo que me encantaría—, sino porque acabo de venir de dar una vuelta por Madrid, de esas escapadas que suelo hacer sin decir dónde, ni lugar, ni si voy a estar con alguien o no, pero que irremediablemente me regalaré “instantes así” mientras pueda.

Pues bien… llevaba mucho tiempo sin escribir en el blog algo que no tenga que ver con mi carrera de escritora, pero es que las fechas me obligan a hacerlo, y más que las fechas, “mi diablito interior”, que un año más gana al “diablito bueno” y me está empujando, como es normal en mí, a robar, cambiar de sitio… una “bolita de Navidad”. 


Y es que os aseguro que intento no hacerlo, pero no puedo. Es llegar diciembre, ver las calles adornadas, ver a esos arbolitos de Navidad que tanto me gustan y, cómo no… a esas “bolitas” que tanto me llaman la atención. Y, para qué negarlo, este año, aunque salvo porque mi Tata encontró donante, mi intervención en mayo y por el nacimiento de mis criaturas literarias, el resto ha sido nefasto. Aun con todo, no voy a dejar de hacerlo, y todavía más porque este año “mi padre”, que ya es una estrella más, se alegrará desde arriba viendo cómo un año más cumplo con esa tradición que lleva en mi vida desde los 14 años, es decir… hace 35 años. —¡Qué dolor!—.

Este año la robaré de color azul, no solo por mis ojos, sino porque a mi padre le gustaba ese color. Así que, queridos seguidores, amigos… no os dé reparo invitarme a vuestra casa a tomar café; yo llevo algo para la merienda, pero lo que sí debéis saber es que, cuando me vaya, os tocará hacer inventario en la decoración navideña de vuestro hogar. Aunque creo que, después de leer esto, solo estoy consiguiendo tirarme arena en mi propio tejado.

Desde mañana, 5 de diciembre —bonito número, ya que me trae buenos recuerdos— y hasta el 24 de diciembre inclusive, tendré que llevar a cabo mi “trastada anual”. Y, en el fondo, reconocedlo: os encanta a vosotros también leer esta entrada y, sobre todo, cuando escribo la siguiente confirmando que lo he logrado.

Mañana he quedado con un amigo para comer y es en la cafetería donde la robé el año pasado. ¿Conseguiré liarle para que sea mi cómplice?

Hasta que haya conseguido mi hazaña, os deseo lo mejor del mundo.

Salud y suerte.


Stella Bayma
04/12/2025 – 20:18

WhatsApp